Mesa contigua
Sin prisas una pareja, con los brazos enredados en sus cinturas, llega hasta la terraza y toma asiento. En la mesa contigua un grupo de cuatro jóvenes, en pares, les miran con escaso disimulo. Con la cara descubierta luciendo la creencia de una inmortalidad desvergonzada, refractaria a la más mínima prudencia. Algo con que distraer…
El mismo fallo
¡Es la segunda factura y otra vez con el mismo fallo! Hace un par de meses me llamaron, a esas horas en las que solo te aguantas a ti mismo, ofreciéndome una tarifa “global” de telefonía, todo incluido…
El día que llegó
Casi ni me acuerdo del día que llegó a casa, ni siquiera de la confusa excusa que me contó, una suerte de ruina y desamor.
En medio
¡Ahí está! ¡En medio! Impertérrita, orgullosa, clamando silenciosamente su lugar. Sí, es la hache, pero no esta que empieza su nombre, no
Chatarrero
¡Chatarrero! El desagradable chirrido de un megáfono quiebra la perezosa tranquilidad del domingo.