Blanco

Blanco

12 de enero de 2021 2 Por Juan Aguilar
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Amanece oculto en blanco. El relieve se confunde. Las montañas, impávidas, se recortan cargadas de melancolía en un cielo que se despereza de la negrura.

Un manto virginal, solamente marcado por las minúsculas pisadas de algún osado animal, dejando una punteada senda en la nieve, cubre el entorno.

La inmadura claridad avanza provocando una confusión que emborrona la oscuridad.

Gente en sombras van embadurnando el candor del lienzo. Retiran maquinalmente, sin contemplación ni ánimo, el sedimento de diminutas estrellas apelmazadas en una masa helada, para abrir paso a sus perros, enfundados en abrigos ridículos, que dejan residuos humeantes entre huellas alocadas de alivio.

Abren bocas que escupen máquinas envueltas en nubes de vaho. Pelean por su lugar en la hilera de la rutina. Algunos tropiezan en su intento provocando disputas que solo el frío atenúa.

Calma. Después de la confusión viene la calma. La quietud invade la escena. El blanco se adueña de nuevo de su universo. Solo transcurre el tiempo, despacio.

Poco a poco la seguridad, precaria, de lo visible, deja paso a la inseguridad morbosa de lo imaginable, penetrando en un mundo de fantasías desenfrenadas.

Con urgencia vuelven los que partieron horas atrás, iluminando sus refugios en un intento de conjurar las tinieblas. De nuevo sacan a aliviar las necesidades de sus mascotas, contentas de reencontrarse con sus amos.

La nieve y el frío se funden en un abrazo arriesgado, emanando una incertidumbre por el mañana.

De nuevo los malditos copos irrumpen, dispersando los pocos atisbos de esperanza, que, infructuosos, se aferran a una imagen distorsionada de la normalidad.

Harto de impresiones danzando en mi mente sin poder plasmarlas en blanco, distanciado tras el cristal, también espero a alguien que encienda mi luz.

Sigue. No viene nadie.

¡¡Dios!!… ¿cuándo parará de nevar?

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