El mismo fallo

El mismo fallo

9 de febrero de 2021 2 Por Juan Aguilar
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¡Es la segunda factura y otra vez con el mismo fallo! Hace un par de meses me llamaron, a esas horas en las que solo te aguantas a ti mismo, ofreciéndome una tarifa “global” de telefonía, todo incluido, fijo y móviles con llamadas ilimitadas y muchas megas, conexión no sé que «G», televisión a la carta, velocidades, terminales… Con una promoción, que si la aceptaba en el momento, se me aplicaría desde el principio, ¡para toda la vida!

La charla era fluida, solo interrumpida para comprobar que seguía al otro lado, realmente al mío. Ya se sabe que lo del espacio es relativo, y el tiempo creo que también… Vuelvo a lo que iba, que me disperso. Era uno de esos días en que había comido bien y bebido mejor. Extrañamente no tenía sueño y contesté. En lugar de responder ácidamente amable al oír el comienzo, ese típico: Buenas tardes señor, ¿es usted el titular de la línea?, me sentí generoso y di pie a que me contara. Al fin y al cabo la otra persona se estaba ganando su sueldo.

Después de un rato y de tantos beneficios no tuve más remedio que aceptar la oferta, ¿cómo podría alguien rechazarla? La vendedora estaba encantada, debí ser el primero en captar, con una voz melosa, llena de eses, me recordó todo lo que incluía la fabulosa oferta. Me dio la impresión de que se estaba insinuando, por cómo me estaba agradeciendo la compra, imagen que borré atropelladamente después de intuir que no estábamos en el mismo continente y de oír al fondo un bebe llorar. Colgué satisfecho (y confieso que algo turbado) pensando en la fortuna de haber atendido la llamada. No estaba descontento con la otra operadora, pero esto era mucho más de lo que me daba, y por menos precio.

Traté pensar en lo que había adquirido ¡para toda la vida! ¿Para poder compararla con lo que tenía actualmente? No, simplemente con la intención de quedarme dormido, dejándome mecer por la lenta digestión y el arrullo del vino. No describiré el sueño porque no me acordé entonces, y mucho menos ahora.

Cuando desperté, abotargado, me suele suceder, me entretuve en desgranar mentalmente lo que incluía la oferta. Llamadas ilimitadas, bueno tampoco es que hable mucho por teléfono. Mogollón de megas, ni siquiera llego a consumir la mitad de las que tengo ahora. Nuevas terminales, me van bien las que tenemos, pero estas serán más nuevas y tendrán más cosas y mejores. No es que lo necesitara, pero es mejor contar con ello. ¡Y todo por 5 € menos al mes!

A los pocos días llegaron los móviles, muy bonitos, muchas prestaciones, pero con las instrucciones en chino y un enlace para que acceder a la traducción. Todavía no he probado ni la mitad, no tengo tiempo ni ganas de traducir. Por lo menos ya he conseguido ponerlo en mi idioma, eso sí, estilo indio.

Al mes vino la factura, no estaba aplicada la promoción. Llamé y me atendió una máquina. Después de recorrer un laberinto de opciones que siempre terminaban en alguna oferta, y con varios intentos logré hablar con el departamento de administración. Bueno, esto es un eufemismo, de fondo se oía un ventilador, que me subió la temperatura, y el perro de quien me atendía, ayudando al sobrecalentamiento. Expuse mi caso, conteniendo la combustión interna, revisó y se disculpó dándome la razón. Que había sido un error y que me descontarían la diferencia de la próxima factura. No es que me hiciera gracia, pero acepté, necesitaba colgar y dejar salir el vapor condensado en la caldera de mis emociones.

El segundo mes otra vez vino la factura con el mismo fallo, sin restar la del mes anterior. Volví a pelearme con la maldita máquina, y lo di por imposible, no iba a perder más el tiempo con un contestador. Resuelto, me conecté con mi banco y devolví la factura, acción que ya me había funcionado tiempo atrás con otra compañía. Ya me llamarán, me dije sonriendo malignamente, con la satisfacción de haber dado un golpe inesperado al sistema.

Bueno, pues esta mañana he amanecido sin línea telefónica. ¡Los muy cabrones me la han cortado! Estoy en casa de mi vecino, intentando reconciliarme con el contestador… ¡Y todo por 5 putos €!

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