Triste

Triste

30 de marzo de 2021 0 Por Juan Aguilar
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Triste pasea la pampa a caballo. Un mar de ovejas le precede atentas a su voluntad, sin rebeldía, tan solo buscando algo que mascar y procesar. Al otro lado del mundo de lana, otro como él. No se hablan, no tienen que contarse. Son vidas interiores, sin nada que compartir. Pronto llegarán al colmado, parada en su viaje insistente, donde beberán para olvidar aquello que no tienen que decirse.

Otro día amanece, entre la hiriente luz y los gritos del capataz. Despega la cabeza de la mesa donde la dejó ayer. Se estira para callar las quejas del cuerpo. La resaca aturde los pensamientos, solo deja comprobar el pobre inventario de su hacienda. Un poco de mate y tocino ayudan, en parte, a recobrar una vida sin propósito. Le invade la sensación de una existencia malgastada, arrastrada entre el polvo y lo precario. Pero ha de seguir, así es su presencia, a dos metros del mundo, con el viento empujando y el sol enturbiando la razón.

De nuevo en marcha ajustado el chiripá, todo en silencio, tan solo el chasquear del rebenque y algún silbido aislado. Cabalga de nuevo, envuelto en una nube levantada por millares de pasos cortos y acelerados. El viaje transcurre por un suelo que tras el paso queda agotado, como su voluntad al amanecer. Lento, va recuperando el entendimiento para comprender que ha de callar, que no hay que decir, no vale la pena y requiere un esfuerzo que no está dispuesto a malgastar.

El dolor de cuerpo y de dentro le acompaña, parece que nació con él, que es parte de su condición. Tan solo ha de aguantar el fin de la jornada. Con el ocaso el final de otro triste día llegará y, de nuevo, podrá olvidar aquello que ya no recuerda.

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