Normal4.1 (7)

Normal
4.1 (7)

29 de marzo de 2022 0 Por Juan Aguilar
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Ayer estuve en una reunión donde una mujer de lo más normal me llamó la atención. No entiendo que es lo que vi en ella, pero no pude dejar de observarla. Contemplé como se acercaba a los distintos corrillos, saludar sin timidez pero sin audacia, unirse a las conversaciones con tranquilidad, sin enfrentamientos ni humildad.

Su cara, con algunas pecas, se asomaba entre una melena castaña, que escondía las orejas. Unos ojos azulados como el agua de una piscina, rodeaban una nariz con un perfil abrumadoramente normal. Tenía una figura tirando a delgada, de altura poco destacable, con pechos y culo algo pequeños.

Vestía con gusto pero sin destacar, unos pantalones vaqueros con una blusa de un color crudo, cubierta por una rebeca pálida; zapatos casi sin tacón y un bolso marrón, de los de llevar en bandolera.

Me acerqué a una distancia suficiente para escuchar su voz. Ni aguda ni ronca, del montón, sin embargo me resultó agradable. Su risa era graciosa, moderada, sin estridencias. Sus frases no eran muy largas, ni cortas, más bien parecía preferir escuchar a los demás, con educada atención.

Comió algunos canapés, más por hacer un favor a los camareros que por hambre. Se los llevó a su boca sin perfilar con delicadeza, que no volvió abrir hasta haberlos saboreados con los ojos entrecerrados. De vez en cuando daba sorbos cortos a la copa, degustando con evidente placer el vino blanco. En ningún momento la soltó, me imagino que por precaución o por no perderla, tan solo se desprendió de ella para pedir otra. No recuerdo haberla visto beber más.

Cuando acabó la fiesta me fui con una extraña sensación de haber perdido una oportunidad, que debería haber hecho algo. Sinceramente no sé que vi en aquella mujer tan normal, pero desde entonces no he dejado de pensar en ella.

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