Muebles viejos4.9 (7)

Muebles viejos
4.9 (7)

19 de abril de 2022 4 Por Juan Aguilar
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Mira, muebles viejos ―le comenta una joven a quien parece su pareja, mirando el escaparate de una tienda que debió haber tenido mejores momentos bastante tiempo atrás. ¿Entramos? Venga, vamos a ver si encontramos algo que nos sirva le dice él abriendo la puerta del local.

Al fondo hay un dependiente aburrido apoyado en una cómoda de estilo colonial, sin intención de moverse. ―¿Has oído lo que te ha llamado? ―le comenta a la cajonera con pretensiones.

Los jóvenes se pasean por pasillos caóticos de trastos aparcados sin aparente valor, restos de épocas anteriores, sin posibilidad de alegato. Ellos tan solo se fijan en la estética o funcionalidad de algunos de ellos, lo viejo puede estar de moda, pero es difícil de encajar, cuando no molesto. ―¡Qué cantidad de antiguallas! ―murmura ella sin poder evitar que el comentario llegue hasta donde está el encargado. Este, dándose por aludido y para evitar que sigan ofendiendo a sus estáticos compañeros, se acerca ofreciendo ayuda a los bisoños.

Para ellos no dejan de ser meras antigüedades sin recuerdos, para él muchas historias contenidas, mucho esfuerzo para rescatarlos de una muerte sin mención, y, sobre todo, mucho tiempo para restaurarlos.

Este seguro que lo usó mi abuela ―comenta ella señalando una artesa. ―¿Y dónde está ella? ―le pregunta él sin tener clara su imagen. ―Hace poco mis padres la han llevado a una residencia, ya es muy mayor.

Viejos muebles que tuvieron una vida anterior, escuchando y dando uso a gentes, con relatos que podrían asombrar u horrorizar, tanto por lo que han podido contener, como lo que pudieron ver. Algunos incluso podrían hablar de sagas familiares, hasta que llegaron las últimas generaciones faltas de interés en su pasado.

Y ahora, fruto del desencanto, la tradición o simplemente esa suerte malintencionada llamada muerte, pasan el resto de su tiempo, esperando una oportunidad de seguir siendo útiles o simplemente visibles, en un mercadillo de segunda mano.

El dependiente sigue ponderando las bondades de cada uno de los muebles en los que ellos se paran para observarlos mejor, ahora ya con otro ojo algo más educado. Y mientras ellos permanecen inmóviles, esperanzados un una última vida.

Por un momento ella vuelve a recordar a su abuela.

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