La escalera

La escalera

4 de mayo de 2021 2 Por Juan Aguilar
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Cierra la puerta de un portazo, sale al rellano malhumorado y baja la empinadas escalera, con el eco de la conversación recientemente mantenida golpeándole la dignidad. Deja caer el peso en cada escalón retumbando en su mente, mientras piensa en las estupideces que ha tenido que oír ¡Cuánta ignorancia! ¡Cómo se pueden defender tamañas falsedades! Y lo que es peor, ¡nadie ha sido capaz de refutarlas!

Pero lo que más le molesta es haberse ido sin dar una contundente contestación. En realidad han sido tan burdas las falacias, tan increíbles las mentiras, que se ha quedado en blanco, bueno en rojo encendido. Nota el palpitar bronco de la sangre y el temblor de un labio semoviente.

Mientras va dejando atrás peldaños, se le ocurren varios argumentos que podrían haber rebatido los embustes soltados con tanto descaro, esos insultos a la inteligencia con la que algunos se atreven a copar las conversaciones, que traen aprendidos de no se sabe que oscuras e interesadas fuentes. En varias ocasiones duda en regresar y desmontar uno a uno todos los bulos difundidos, pero los nervios solo le permiten razonamientos sin concordancia, tan solo logra componer toscos anacolutos.

Por fin logra hilar una respuesta aplastante, sin posibilidad de rebatir, incontestable. Hace una parada, se repite el razonamiento, es genial, se dice. La intención de dar media vuelta y volver se apodera de su voluntad, pero ya ha alcanzado el zaguán, y ve la escalera que ha de volver a subir, todos esos escalones, y a los integrantes de la reunión, agotador, piensa, el esfuerzo no vale la pena. La madre que parió a Diderot, con el L’esprit de l’escalier, se dice con encono.

Emprende el camino de la calle, el fresco en el rostro no ayuda a rebajar la indignación arrastrada por los escalones. El malestar se enquistará, esta vez se lo tendrá que comer.

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