Interconectados

Interconectados

18 junio, 2019 4 Por Juan Aguilar

Ocupado o fuera de cobertura.

He querido mandar un mensaje (sí, Whatsapp, que no evito los nombres) a través de mi móvil y no tenía suficiente carga en la batería. Cada vez son más avanzados los aparatos de los que nos rodeamos y sin embargo sus baterías duran menos ¿Será que nos quieren decir algo? Tal vez advertir de su importancia y al mismo tiempo de nuestra dependencia.

Veo gente ir por la vida con el cargador, como yonquis buscando un enchufe que les devuelva la conexión al mundo. Con multitud de aparatos, con sus pequeñas baterías de corta duración, interconectados por un sistema con nombre de rey danés o el de la fidelidad sin cables, lo cual es una paradoja o eso me parece.

Mientras la interconectividad (la palabra se las trae) acerca a muchos al ideal del confort y de “lo más de lo más” (antes se ponía NPU, ahora tan solo es un cava), pocos se plantean la cantidad de ondas (se llama radiación electromagnética artificial, para cogerle miedo) a las que están expuestos, que se van acumulando con posibilidad (nótese que soy prudente) de alterar la salud, especialmente entre los niños (Ya no parece tan buena idea lo del walkie talkie en la habitación ¿eh?) y adolescentes (sin comentarios, que esto se está poniendo muy funesto) Ya sé, no hay estudios concluyentes, tampoco los hay sobre lo beneficioso o perjudicial que es un huevo diario, el aceite de oliva, el vino, la existencia del cambio climático provocado por el hombre (tenía que meter la cuña)… y cada uno se acoge a lo que más le convence (con el tabaco parece que hay consenso)

Hay quien se ponen nervioso cuando pierde la conexión, la cobertura ¡El vínculo con la humanidad! No saber dónde están los otros, no lograr contactar, como si pudieran haber sido raptados, abducidos o, lo que es peor, estar haciendo algo interesante, como mirar un escaparate, cruzar una calle o ver un vídeo en el chat.

Mientras una serie de “señores” como Amazon, Facebook, Google, Microsoft, etc., se frotan las manos recabando datos de qué miras, dónde estás, cuáles son tus gustos, tu salud, tus “debilidades” (se entienden las comillas ¿no?) y todo gratis, tan solo a cambio te ofrecen cosas que te puedan interesar, que ellos ya saben lo que te conviene, con su pitido correspondiente, por supuesto. Es sorprendente que una sociedad que pone cortinas y persianas en sus ventanas para preservar su intimidad, no tenga reparo en desnudarse digitalmente.

Yo ya soy mayor, bastante, y me acuerdo cuando vivíamos sin tanta conexión, hasta escribíamos en papel y lo enviábamos por correo, quedábamos con antelación y nos alegrábamos de vernos, nos visitábamos cuando alguien estaba enfermo o averiado, íbamos a tiendas y nos aconsejaba el comerciante, sí, algunos eran antipáticos, pero no volvías y ya estaba.

No es nostalgia, es tan solo una simple reflexión: No sé cómo hemos podido llegar hasta hoy sin la interconectividad.

#relatosdecocina