Despacio

Despacio

13 de octubre de 2020 1 Por Juan Aguilar
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Despacio el polvo busca volver al lugar donde dormía, mientras el eco del estruendo se va perdiendo entre los oscuros e indiferentes pliegues de la noche. Un olor desagradable, a artificialidad quemada, se desprende de un amasijo de lo que antes fue un coche de aparentar.

La sirena se pierde mientras busca el lugar donde reparar un cuerpo saturado de alcohol y vanidad. Una corta vida en ascenso sin mirar atrás, sin complejos, ni camaradas, tan solo contrarios a superar, meros obstáculos en la escalada.

¡Éxito! El nuevo Dorado, solo se puede ganar, si no estás muerto. Una existencia en esa especie de pseudosolidez licuada, sin calma con el espíritu precario. Sobreviviendo en la inmediatez sin pararse a vivir. ¡Deprisa, deprisa! Sin esperar a conocer lo de otros.

Acumulando, llenando los cajones de tesoros ya olvidados. Usados y sustituidos, sin terminar de entenderlos, por otros más adelantados y rápidos.

Una existencia en esa especie de pseudosolidez licuada, sin calma con el espíritu precario.

No detuvo la agitación para ver las alertas a su alrededor, antiácidos, alcoholismo y divorcios para los estómagos mayores; juergas, poco dormir y coca para los corazones más jóvenes, hasta una muerte por excesos. Eso si que ralentizo el ritmo, pero poco tiempo, a lo más una semana, luego se perdió en el mar de las anécdotas.

En el quirófano, mientras unos tratan de recomponerle, el solo piensa en la operación de mañana, cómo ejecutarla, es mucho por ganar. A quién puede convencer, sin que le pisen el cliente. Tal vez al becario.

Entre imágenes distorsionadas una molesta voz le indica que debe estar en observación, y es tiempo de reposar. Pero la razón necesita tiempo, y el tiempo se vive despacio. Él tan solo piensa en su teléfono y en cómo llamar. La prisa nubla el paisaje, las personas y las necesidades.

…la razón necesita tiempo, y el tiempo se vive despacio.

Tras la puerta de la habitación, en otro mundo, los sanitarios celebran un cumpleaños, sacan sidra, de la comercial, baja en alcohol, están de turno, y algo de música.

Una lágrima de esfuerzo y rabia corre entre las vendas, una férula le impide usar el móvil. Fuera, coreado, suena “Despacito”.

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