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Antes de fraile, cocinero
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4 de diciembre de 2018 0 Por Juan Aguilar
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Unos firman y otros cocinan…

Desde hace algún tiempo muchos se han lanzado a escribir libros de recetas, sin para a pensar qué aportan, con la cantidad de libros ya publicados y la de recetas que hay en Internet. Aun así se atreven, (me incluyo, aunque mi Relatos de cocina no es de recetas propiamente dicho) a pesar de que se evidencia que no las han elaborado, simplemente han puesto el nombre.

No me refiero, por supuesto, a los libros de cocineros, ahí no tengo nada que decir, solo agradecer el que compartan con el resto de los mortales sus conocimientos, sino a esos para regalo cuando no se sabe que regalar (no les encuentro otra aplicación)

En ocasiones, cuando leo una receta en un libro de esos, me pregunto que entiende el autor por una ración. El conocido “ingredientes para 6 personas” es una imprecisión que puede arruinar una comida. Algunos deben comer como pajaritos y otros como si el mundo fuera a acabar. Tampoco es cuestión de seguir el dicho: “más vale que sobre…” No, a la hora de escribir una receta hay que pensar en un promedio, y ser mínimamente racional. Que si pones algo con salsa, se mojará pan (que sí, que la gente lo hace), o si es algo seco, se pondrán finos con la bebida, y esto también cuenta como alimento.

Hay quién se empeña en dar una descripción completa del plato, calorías, hidratos de carbono, grasas, que tipo de estas. Más que una receta es un artículo de la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética.

Otra cosa son las intolerancias y alergias, ahí está bien, pero debo confesar que asusta esa información. Todo sea para no tener que salir corriendo al hospital. Hecho que también arruina una comida.

Luego están esas recetas con ingredientes que se consiguen en cantidades que solo se usa una pequeña porción, y no se vuelve a utilizar, y terminan criando pelos verdes en la nevera. O esas internacionales que ponen unos nombres de ingredientes que parecen insultos, y no tienen el detalle de recomendar equivalentes, con lo que te quedas con las ganas.

También están las clasificaciones de dificultad, tiempo y coste. Todo muy relativo. Dependerá de lo apañado que sea uno, dónde viva, o el tiempo de que disponga. Pueden ser ingredientes económicos, pero elaborados a baja temperatura durante horas, y ¿la factura de la luz qué?

Esta bien regalar libros de recetas, pero es mejor mirar el interior y no tanto la firma. O lo que es lo mismo, unas recetas con consistencia, y algo de perejil.

«Preveo que en el transcurso de muy pocas generaciones el arte de comer habrá sido enteramente substituído por la ciencia de nutrirse. La cocina se muere, y se muere volviendo a sus orígenes migratorios, como el hombre que, al envejecer, pierde la virilidad y cae en el infantilismo»

Julio Camba – La casa de Lúculo