Andares

Andares

21 de septiembre de 2021 0 Por Juan Aguilar
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Ahí va, con los andares del que se quiere más arriba, pero que más bien esconden lo contrario. Con las piernas en bóveda forzada y los pies en ángulo hacia los demás, como para abarcar más espacio, marca un paso indecisamente firme, con inclinación de cuerpo hacia atrás, como queriendo observar.

No creció mucho, en ningún aspecto, pero siempre se juntó con los más grandes, que le permitieron acercarse después de un duro proceso de selección. No le costó soportar los ultrajes y palizas, ya venía con un largo entrenamiento de casa.

Irrumpía en los billares con la seguridad emanada del resto del grupo. Vestía el uniforme de los matones de barrio, enfundado en un vaquero, de los de calzador y marca poco conocida. Y una camiseta de manga corta ajustada a un cuerpo algo musculado, más por los golpes que por el ejercicio, de donde sobresalía el paquete de tabaco que no cabía en el pantalón. El pelo ensortijado después de domarlo a base de gomina y unas zapatillas de un blanco que terminaba en la canilla y que ya marcaban los andares, de escarranchado del oeste, que hoy luce.

El pelo ya cano, la camiseta con marca visible y el pantalón y zapatillas deportivas, ya de marca, siguen tratando de proyectar un exterior que oculta la amargura de no ser lo que quisiera. Y descarga su frustración en su alrededor, sin ir mucho más allá que la mera exhibición. Que conoce bien el doloroso resultado de no parar a tiempo, eso sí, con estruendo y alharaca, que siempre hay que dejar claro que aunque ahora necesite gafas, sigue siendo el que marca, que para eso trabaja de especialista en el cine, bueno, de los que se caen.

Pocos amigos, por no decir ninguno de verdad, le arropan, y cuando quiere algo de cariño le toca pagar. Y luego a contar entre copa y copa, que lo bueno de beber es que al día siguiente no tiene que recordar.

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