A gritos

A gritos

5 noviembre, 2019 0 Por Juan Aguilar

Comunicarnos, una necesidad social

Comunicarnos es una necesidad social. Participamos a otros nuestras preocupaciones, lo que nos ha ocurrido, sobre nuestras familias, de preferencias políticas y deportivas. Me parece muy bien, conversar es bueno y terapéutico, aunque sea de banalidades.

Hasta ahora podríamos estar muchos de acuerdo. En lo que tal vez discrepemos es en la necesidad de hablar tan alto. Evidentemente en un evento deportivo, con cánticos y ánimos a los equipos, haya que desgañitarse para hacerse entender por el de al lado. Es, hasta cierto punto, comprensible. Tampoco voy a criticar los chillidos de los niños en un parque, ni siquiera en la calle, aunque en otros lugares pueda no hacer gracia. Vale, son niños.

Comunicarnos es una característica de nuestra sociedad

Pero por qué cuando se entra en un local de hostelería con gente parece que estén linchando a alguien. Desde dentro los clientes no se percatan, según se ha ido llenando han ido subiendo el tono, a lo que ayuda la posible televisión, música o mala insonorización, para hacerse entender hasta llegar al griterío, provocando actitudes más agresivas.

También hay otras personas que en aras de la transparencia, quiero creer, hablan por teléfono para que se enteren todos los de alrededor. Mucho más más molesto en un transporte público, donde normalmente vas pensando en tus cosas y tienes que enterarte de la ropa que se ha comprado el vociferante, la serie de turno, lo que ha hecho el novio de la amiga o el programa de insultos de moda en la tele, taladrándote el tímpano y esfumando los pensamientos. Habría que explicarles que el móvil ya transmite por si mismo, que el receptor no necesita aguzar el oído para oír lo que le llega por el aire. Que lo del tam-tam ya está superado, aunque no lo parezca.

¿Es necesario participar de tus cosas a quien no te lo ha pedido?

¿No sería más lógico bajar todos el volumen? ¿No disfrutaríamos más de los momentos sociales? Y sobre todo podríamos gozar de nuestra privacidad en público. No tienes por qué estar de acuerdo, puedes rebatirme, pero por favor, hazlo bajito.

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