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4 escritores que me han influido (y II)
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30 de octubre de 2018 0 Por Juan Aguilar
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Haruki Murakami y Hermann Hesse

Como continuación del artículo anterior, otro de los escritores que mas han influenciado mi forma de escribir es Haruki Murakami, varias veces considerado para el Nobel, del que sería merecedor. Amante del jazz y guionista fallido, desarrolla unos mundos de relaciones complicadas, como en Tokio Blues Norwegian Wood), Kafka en la orilla, o Los años de peregrinación del chico sin color, donde los personajes parecen estar marcados por un destino fatal.

O universos construidos entre lo onírico y lo delirante, como El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas o Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, en los que se evidencia su tendencia al surrealismo.

Y todas estas historias escritas llanamente, con aparente espontaneidad, sin florituras, donde el lector se ve envuelto en la trama, aunque intente evitarlo.


«A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con a Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tu, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.

Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tu no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa si quedara clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»

Haruki Murakami Kafka en la Orilla (2005)


El cuarto autor es Hermann Hesse, prolífico escritor, poeta y pintor. Ganador del Nobel de literatura, inspiró a varias generaciones. Influenciado por el entorno familiar, y tras varios viajes a la India, construye una espiritualidad, que le provoca una búsqueda interior, expresada con diálogos sencillos, pero con una poderosa carga emocional.

De carácter introvertido y huraño, fue rupturista con los nacionalismos de su época, lo que le provocó numerosas inconveniencias, entre ellas ser denostado en Alemania y tener que expatriarse a Suiza .

En Siddharta expresa su pasión y acercamiento a la espiritualidad india. Sus conflictos internos, su intento de preservar su identidad, y su rechazo al dogmatismo de cualquier tipo, queda expresado en El juego de los abalorios.

Junto a estos libros hay que incluir Demian, el despertar a la crítica, y mi preferido, El lobo estepario, donde se observa la dualidad del individuo, las contradicciones, aislarse pero necesitar del resto, y el pesimismo generado por un futuro incierto.

«En medio de este mundo tan contentadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad.

¡A la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres!

¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo donde ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención?

No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico.

Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo, puede que si acaso en las novedades, porque en la vida lo considera una locura.

Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.»

Hermann Hesse – El lobo estepario (1927)