Una cena5 (7)

Una cena
5 (7)

19/12/2025 2 Por Juan Aguilar
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Hoy hay una cena especial, cierta agitación recorre entre los que viven en la calle. Hace semanas que la iluminación mareante y el aumento continuo del gentío les indica que ya es Navidad. Se han ido acercando al lugar donde los han recogido desde hace años, para llevarlos a un local con las paredes desnudas, pero con calefacción.

Aunque se conocen todos aunque no tienen costumbre de comunicarse, cada uno tiene que buscarse la vida, hay que sobrevivir, y no hay para repartir. Ninguno está demasiado dispuesto a ayudar al otro, nadie lo espera. La gente trata de hacerlos invisibles, pero ahí están, como una mancha parda en la acera, de la que los viandantes se alejan. Cada uno tiene su pasado y no suele compartirlo.

Desde hace poco tiempo uno nuevo vive en esa calle, se oculta por vergüenza y no deja de preguntarse cómo ha llegado aquí. Se mortifica culpándose de tantas malas decisiones. En ningún momento se ha acercado a los demás, que le miran con recelo, uno más implica menos para todos.

Las furgoneta se está retrasando y la inquietud entre los desesperanzados aumenta, nadie quiere decirlo pero en la mente de todos aparece el vértigo de ser olvidados, ya pasó en una ocasión, o eso cuentan.

Por fin aparece, bajan de ella dos voluntarios pidiendo excusas, el tráfico está terrible y ya llevan varios viajes. Suben los cinco, nadie avisa al nuevo. Según se cierran las puertas el acompañante del conductor pregunta si están todos, nadie mira hacia atrás, y responden con un murmullo sordo afirmando.

Cuando se disponen a arrancar uno de los sintecho le dice que pare, todos le miran, –falta uno –indica, y en voz baja comenta– el nuevo.

Le preguntan dónde está, este le indica el comercio en cuya puerta pasa la noche, y de donde no se aleja mucho. El chofer arranca y se dirige hacia su lugar de refugio.

La furgoneta se para en el lugar mencionado y ahí, en un banco, está él. Uno de los voluntarios se baja el acompañante y se dirige hacia él.

Hermano, acompáñanos, tenemos una cena que compartir.

Él le mira desorientado y temblando del frío. Distingue un gesto invitándole, mientras la puerta lateral de la furgoneta se abre y una mano le indica que suba.

Él, con los ojos aguados, se levanta y se dirige a la furgoneta, los otros le esperan con una mirada huidiza, hace un rato le hubieran dejado atrás. Pero, según sube a la furgoneta, les da unas sentidas gracias, y esos hombres, acostumbrados a las peores condiciones, le miran agradecidos mientras asienten con la cabeza.

#Escaparate